Hola, querido lector.
He comenzado este nuevo espacio, orientado hacia nuestros amigos, clientes y visitantes, con la finalidad de hacer un humilde aporte al mundo digital, su impacto en la sostenibilidad. Ver cuanto afecta o beneficia al medioambiente, pero principalmente, con el fin de intentar encontrar un punto de equilibrio, entre las necesidades y requerimientos del mundo tan tecnificado actual, y el impacto que esto produce al planeta.
Tecnoecología fue concebida para hacer una mixtura entre la tecnología, y la ecología, tratando de emplear medios ecológicos en sus desarrollos para la seguridad electrónica, y también para abastecer, mediante el uso de energía solar, las instalaciones donde llevan adelante sus operaciones.
Recientemente, he comenzado a interiorizarme en el mundo de las criptomonedas, y en los mercados bursátiles, donde allí también aparecen luces rojas y amarillas, respecto de la huella de carbón que dejan dichas operaciones en el ciberespacio.
Primeramente, dedicaré algunos artículos al mundo cripto, analizando el impacto ambiental de su operatividad, y evaluar maneras de conseguir la sostenibilidad de ello en el tiempo.
La irrupción de las criptomonedas no solo ha sacudido al mundo político, económico o tecnológico, sino que ha despertado el debate en otras ramas de la sociedad. Una de ellas, es cómo afectan las criptomonedas al medio ambiente.
La minería de criptomonedas está adquiriendo una imagen negativa en el mercado de las criptomonedas debido a su papel como gran emisor de gases de efecto invernadero. La minería afecta al clima y al medio ambiente a través de la contaminación del aire y del agua.
En otro artículo, ampliaremos, con la mayor profundidad posible, qué es, cómo funciona y sus requerimientos técnicos, sobre la minería de Criptomonedas.
Y es que, para el desarrollo tanto del Bitcoin como del resto de criptomonedas, se requiere una gran cantidad de energía. En marzo de 2021 se analizó el consumo de esta moneda digital y se estimó que gastaba 149 teravatios/hora por año.
La huella de carbono de la minería de solo esta moneda al año sobrepasa las 17.000 kilotoneladas de dióxido de carbono.
Para poner en contexto, los equipos de minería de criptomonedas son los encargados de producir el código
hash, el cual se obtiene usando un software creado especialmente para poder sortear problemas criptográficos, y proporcionar muy altos niveles de seguridad a cada operación. A raíz de estos requerimientos, el consumo de luz ha aumentado cerca de un 30% en algunas ciudades del mundo.
Además, este proceso genera gran cantidad de residuos electrónicos en el medio ambiente. Los residuos electrónicos físicos incluyen ordenadores, equipos ASIC, tarjetas gráficas y muchos más, lo que genera mucha temperatura en los espacios dedicados a la minería, que a su vez, requiere de equipos de refrigeración para evitar el sobrecalentamiento y los daños que puedan producirse a los equipos.
Obviamente, todo esto, genera: Incremento de la temperatura ambiente, desechos electrónicos, incremento en la producción de componentes electrónicos, mayor consumo energético, etc.
Estos son los países que se dedican a producir criptomonedas en mayor cantidad. China es el mayor productor de monedas digitales, después Estados Unidos seguido de Rusia.
Como podemos ver, la dependencia energética para producir monedas afecta directamente al medio ambiente y al ecosistema eléctrico tradicional. La alta complejidad que genera producirlos, deriva en la necesidad de una gran cantidad de electricidad con un buen montón de problemas asociados.
Actualmente los desarrolladores están buscando opciones alternativas para reducir las emisiones de dióxido de carbono y eliminar las posibles consecuencias de las criptodivisas en el clima y el medio ambiente.
Pero, esto recién comienza, porque el mundo cripto nació el 31 de octubre de 2008, cuando
Satoshi Nakamoto, dio a luz a la primera criptomoneda, el Bitcoin. Desde esa fecha, hasta el presente, el interés, la operatividad y la presencia de este novedoso mundo de economía digital desregulada, por fuera de las órbitas bursátiles, se ha incrementado de manera asombrosa.
Esto tiene una causa muy llamativa. La barrera de ingreso al mundo cripto, es casi nula, no se requiere de una costosa tecnología o inversiones en infraestructura, ni oficinas, ni puestos de operatividad. ¡Simplemente con un smartphone se puede acceder a las plataformas y hacer operaciones con criptodivisas!
Fuente: CH (Computer hoy)
Marcelo Sarmiento